Vengo del cine de ver el oscarizado film
Slumdog Millionaire, y estoy emocionado y recordando todo el universo de sensaciones que me ha producido. Mientras escribo esto escucho de nuevo
su banda sonora, hermosa y dinámica. Siento que Millonario de Barrio o Slumdog Millionaire es una película muy inspiradora, un regalo artístico que mueve conciencias. Mi alma esta conmovida y agradecida por el trabajo de
Danny Boyle.

Los personajes de Slumdog Millionaire me han llegado muy dentro, y sobre todo Jamal Malik el niño pobre que tras una vida intensa sobreviviendo y buscandose la vida en los suburbios de la India, decide presentarse al concurso
¿Quién quiere ser millonario?. La historia de Jamal se solapa con su participación en el concurso, y su interrogatorio policial. La experiencia vital de nuestro joven amigo, su sinceridad, su nobleza y sobre todo su amor es lo que más me ha llegado. Él no se presenta al concurso para salir de pobre, Jamal solo busca encontrar a su amada y el ganar los 20 millones de rupias en el fondo parece que lo traen sin cuidado.
Es curioso, pero como escuchaba hoy a
Eduardo Punset en relación a la famosa crisis economica actual, los seres humanos no estamos tan obsesionados con el dinero. Jamal y millones de seres humanos solo deseamos vivir una vida fecunda, amorosa, artística y con sentido. Slumdog Millionaire y sus niños, nos muestra todo esto de una forma que llega a nuestros corazones y despierta nuestras conciencias.
Jamal no sigue ninguna ideologia concreta, es simplemente un humano que lucha por la vida, por el amor, por la dignidad propia como un ser dueño de su propio destino. Slumdog Millionaire me ha abierto espacio inspirador profundo que deseo conservar esta noche mientras duermo, y dejar que siga sembrando en mi interior.
Hoy ademas de la película Slumdog Millionaire, he visto el documental Zeitgeist, del que espero hablar mañana. Todo este cine social e inspirador despierta en mi el deseo de dedicar tiempo a ver este tipo de contenidos audiovisuales que aportan valor, y compartirlo con vosotros en este blog y en una televisión alternativa. Más allá del entretenimiento vacio que tanto abunda, y del que yo no estoy al margen con mi otro blog, en el fondo se me antoja una huida de la realidad y de nuestro potencial personal de creación y transformación.
Gracias Danny Boyle y Slumdog Millionaire, por este espacio inspirador que me habéis abierto. Mis palabras se quedan pobres para expresaros esa emoción humeda que se me despertaba en varios momentos de la película, la flojera de piernas al levantarme del cine, los besos emocionados a mi pareja tras compartir (más corporal que verbalmente) lo que estabamos experimentando, tras la inmersión en este hermoso ejemplo de septimo arte que es Slumdog Millionaire.
Despues de estos ejemplos de lo hermos que es vivir y amar, libres de los prejuicios y expectativas sociales ... me pregunto ...
¿Quien quiere ser millonario?